JOAQUÍN COLLADO – El aficionado que superó a la profesionalidad

Joaquín Collado se inició en la fotografía en el año 1959, cuando con motivo del nacimiento de su primer hijo se hizo con una cámara Régula alemana. Desde entonces Joaquín Collado no ha dejado de hacer fotos, sobre todo, a las gentes de su ciudad natal, Valencia. Hoy, con 83 años, su obra es tan desconocida como brillante. Los que la han visto destacan su sensibilidad, su sencillez, su capacidad para captar el instante eterno de una mirada y su notable valor documental. Hasta lo comparan con algunos grandes nombres de su generación. No está mal para un aficionado que jamás ejerció como profesional.

En 1965 se apuntó a la Agrupación Fotográfica Valenciana para. “Entonces no había otra forma de aprender las técnicas. Tampoco había revistas especializadas ni información apenas. Luego ya descubrí el trabajo de Magnum [la agencia fundada por Capa, Seymour y Cartier-Bresson, entre otros], las imágenes de Robert Frank del barrio de El Cabanyal, y las de muchos otros grandes”. Asociación en la que ha estado presente hasta la actualidad siendo su secretario durante casi veinticinco años, presidente desde 1991 hasta 2007 y en la actualidad vicepresidente.

Muchos años después, Joaquín Collado descubrió aquella frase del célebre corresponsal gráfico Robert Capa: “Si tu foto no es lo suficientemente buena es porque no estabas lo suficientemente cerca”. Él ya se acercaba: por instinto, por gusto, porque nunca le gustaron los teleobjetivos. No retrataba el fragor de una batalla como Capa, sino al joven de mirada huidiza que deambula en busca de prostituta, al niño que fuma con autoridad sobrevenida o al vendedor de rostro castigado por lustros de rastros.

En 1981 participó por primera vez en una exposición colectiva y en 1987 el Centro Aragonés de Valencia presentó su primera muestra individual.

Sus trabajos han aparecido en revistas especializadas como Arte fotográfico, Diorama, La fotografía, FV, así como en prensa diaria, principalmente valenciana, en libros como Historia de la fotografía valenciana (1990) de José Vicente AleixandreLa Valencia Prohibida, de Rafael Solaz Albert(2005), En las ciudades, de los fondos de la Fundación Foto Colectania  y en numerosos catálogos de exposiciones, como los editados en 2009 en la retrospectiva del Ayto. de Valencia y en 2014 por la exposición La Valencia Olvidada del MUVIM.

A lo largo de su trayectoria ha cosechado diversos premios y distinciones nacionales. En los años 1995 y 2008 la Confederación Española de Fotografía le ofreció un homenaje nacional y en 2009 el Ayuntamiento de Valencia le dedicó una exposición retrospectiva. En 2013 expuso Los niños de Collado en la Librería Railowsky de Valencia y en mayo de 2014 se le rindió un homenaje en su ciudad natal, bajo el título Un mes con Collado, que comprendió exposiciones, tertulias, charlas, talleres y otras actividades.

Actualmente jubilado, trabajó casi medio siglo en una entidad financiera, mientras dedicaba su tiempo libre a su pasión por la fotografía social, recopilando en las calles gestos, expresiones, la vida en los mercados, en las procesiones, en los barrios. Guarda más de 36.000 negativos, archivados y fechados con la eficiencia de un contable.

Su obra se basa en su instinto natural para tomar la fotografía en el momento adecuado, acercándose y mezclándose con los personajes que va a retratar, consiguiendo una cercanía con sus personajes para recopilar gestos, expresiones, la vida en los mercados, en las procesiones, en los barrios. Ha desarrollado su trabajo a través de series fotográficas en lugar de fotos aisladas, de su entorno más cercado y cotidiano, como son Plaza de San Esteban, Barrio Chino, Gitanos, Rastro, Romería de San Sebastián.

Para ganarse la confianza de los habitantes de un poblado gitanos en las afueras de Valencia, se dejaba caer con frecuencia, revelaba las fotos y las regalaba después a los retratados y familiares. Para las más complicadas, se ayudaba de su esposa. “En las fotografías más difíciles, en las fotos robadas, me apoyaba en mi mujer, que venía conmigo y era más fácil intentar pasar desapercibido. Tengo que decir que mi mujer me ha apoyado siempre”, agrega, rodeado de imágenes en blanco y negro que ha extendido en su salón a modo de exposición improvisada. “Como el blanco y negro no hay nada”, apostilla, mientras señala al vendedor del rastro, a quien retrató durante décadas los surcos del tiempo que recorren su cara.

Sus imágenes del barrio chino son de las más apreciadas por el reducido grupo de sus admiradores. A principios de los setenta era un barrio bullicioso, con mucha vida, no tan marginal. Las prostitutas convivían con los comerciantes y los vecinos. “Había dos calles muy señaladas donde se ejercía la prostitución”, cuenta en su casa en una populosa avenida de Valencia. “Si Joan Colom fue el fotógrafo del Raval de Barcelona en los sesenta, Collado lo ha sido del barrio chino de Valencia en los setenta”, resalta el galerista y propietario de la librería especializada en fotografía Railowsky, Juan Pedro Font de Mora.

Joaquín Collado no se hace cábalas sobre lo que podría haber sido o sobre su condición de artista. “¿Artista, yo? No me considero así, y si lo fuera, lo tendrían que decir los demás, ¿no?”. Sólo ha hecho y sigue haciendo lo que le gusta, fotografías.

 

Fuente del video: Youtube -Roberto Vizcaino- sobre video de TIMEPHOTOWORLD