HIPPOLYTE BAYARD – El primer autorretrato de la historia de la fotografía

HIPPOLYTE BAYARD – El primer autorretrato de la historia de la fotografía

¡Que levante la mano quien nunca se haya hecho un selfi con la cámara de su teléfono móvil!. Veo todas las manos abajo como era de esperar.

De este gesto, el de autorretratase, tan común y repetido en la actualidad, tenemos constancia gráfica que su primera vez fue en el año 1840 y aconteció en la persona de HIPPOLYTE BAYARD.

¿Se imaginan ustedes cogiendo con las manos una gran cámara de aquella época y realizando dicha hazaña de la misma forma que ahora lo hacemos con nuestro teléfono inteligente?.

¡Pues NO!. No lo imaginen porque no tuvo nada que ver, pero yo se lo voy a narrar y para ello lo primero que he de hacer es describir la fotografía.

Se trata de una fotografía cuadrada de aproximadamente 19cm de lado e impresa en un grueso papel. En el centro de ella se encuentra un hombre de unos 30 años dentro de un ambiente un tanto sepulcral. La fotografía no muestra a un hombre atlético, sino a un hombre que parece pasar mucho tiempo sentado tras un escritorio de despacho. Tiene su torso desnudo hasta el ombligo, como envuelto en un sudario, una gran pieza de tela le sirve como base para reposar su cabeza y espalda, sus manos descansan sobre su regazo y da la impresión de ¡ESTAR MUERTO!.

Pero si estoy hablando de un autorretrato, ¿cómo puede estar Bayard muerto?.

¡Pues NO!, no lo está. Simplemente lo está representando y es aquí en donde está lo “asombroso” de este caso y es que en el reverso de la fotografía nos encontramos con una inscripción escrita por su propia mano que entre otras muchas cosas dice: “Un gran honor, pero ni un penique”.

Os he de contar que el propio autor tituló ésta obra impresa como “autorretrato de un hombre ahogado”.

Y es que Bayard había sido el inventor de un proceso que permitía fijar la imagen de forma permanente sobre el papel y  trató de que el Gobierno Francés comprara o subvencionara su proyecto en la misma medida que había hecho con el daguerrotipo. Sin embargo, François Aragó, el político implicado en el asunto, trató de ocultar sus investigaciones para no oscurecer el papel de Daguerre que siempre fue un protegido del Gobierno Francés que potenció sus inventos relacionados con la fotografía, dejando a Bayard de lado y económicamente «ahogado«.

Y así, a modo de crítica nació el primero de los autorretratos y a la vez comenzó otra acción que al igual que el autorretrato nos ha acompañado a lo largo de la historia de la fotografía hasta la actualidad: “La rivalidad entre fotógrafos”.

Rivalidad por por competir en un campo que no tiene fronteras ni necesidad de que se las pongan. Y es que el arte no se puede medir, ni tampoco cuantificar.

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